lunes, 14 de noviembre de 2011

Viaje Nocturno.

Dos chicas con no más de 12 años ocupan los asientos centrales del metrovión. Al final oculto entre la oscuridad de la noche y las sombras que proyectan las luces del exterior y del interior del transporte casi no se pude ver su rostro pero mantiene la mirada fija en las dos chicas. de vez en cuando se pasa la lengua entre los dientes y por los labios como saboreando una presa a la que aún está acechando, sobre todo cuando los cuerpecitos de las dos chicas saltan cuando el transporte toma tierra o despega saltando de un lado a otro de la ciudad, por un lado, por otro lado se debe a la ropa que llevan más propia para mujeres con algunos años más.

Poco a poco el transporte va quedando vacio, no hay conductor, las líneas nocturnas tienen piloto automático. Cuando quedan tres paradas para que el metrovión llegue al final de la línea solo quedan en su interior las dos chicas y el extraño pasajero del final del mismo. Lentamente se levanta, es un hombre que aparenta unos 30 años. Avanza despacio, como una araña, apoyando sus manos en los asientos vacíos y sin apartar los ojos de sus presas. Llega hasta ellas y se sienta enfrente de una de ellas. Estira una mano y la pone sobre la rodilla de la muchacha, la acaricia y cuando pretende comenzar a ascender por la pierna de la joven esta abre los ojos de par en par y con un movimiento demasiado rápido para los ojos del hombre lo empuja y pone su manita alrededor del cuello de su agresor. Este abre los ojos sorprendidos, la sonrisa ha desaparecido de su rostro y el terror hace acto de presencia, es incapaz de retirar la mano de la chica, tampoco se pude mover y poco a poco se queda sin aire.

Su vista periférica hace que perciba un movimiento, la otra niña se ha despertado y lanza un arañazo a los ojos del hombre, al instante lo único que ve es negro. Poco después siente un pinchazo en la mejilla, un tirón, le quema la cara y algo gotea. Escucha como si alguien masticara y chirriaran unos dientes. Una idea viene a su cabeza pero cree que es imposible hasta que las sensaciones se repiten, intenta pelear y soltarse, sólo consigue patalear y aunque golpea a las chicas no consigue nada, por eso decide gritar pero no hay nadie alrededor, nadie en el transporte ni en sus alrededores.
Cuando el metrovión regresa a la estación no hay nadie en su interior y la pequeña mancha de sangre en uno de sus cristales queda automáticamente eliminada cuando tiene lugar el proceso de limpieza del transporte tanto exterior como interior. Al día siguiente tiene el aspecto de no haber ocurrido nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario